Se acercó cuidadosamente a la fuerte puerta de cedro, que por más que se apreciaba estar dañada a causa de las inclemencias del tiempo, todavía se podía apreciar lo fuerte que era. En el centro de una de sus hojas tenía un llamador de acero fundido, la extraña forma de dos animales engullendose mutuamente le llamó la atención. Se lo quedó viendo y al momento de ir a tomarlo se detuvo un instante, ya que percibió el movimiento de una de los pesados maderos de su par.
Posó cuidadosamente la palma derecha sobre la madera, desprendía humedad y olor a ella, se sentía aspera, se tomó un respito y empujó hacia adentro. Sintió rechinar las bisagras al momento que un soplido de aire le puso los pelos de punta. No miró hacia atras y tampoco quiso hacerlo, estaba empeñado por descubrir que estaba haciendo allí.
Por dentro el edificio se percibía aún más amplio que de afuera, a pesar de que las esquinas estaban sumidas en la oscuridad del fin del resplandor de las precarias luminarias de cera. Por un momento le pareción ver que las sombras se desplazaban a su alrededor y sintió temblar hasta el tuétano. En el centro de la sala colgaba una araña de acero fundido que bamboleaba de un lado a otro. Delante suyo, un pasilloun pasillo que se perdía el recorrido de la vista al adentrarse en las sombras. Asu derecha uyna puerta que dejaba escapar por su marco una tenue luz.